A veces siento al silencio como la mejor manera de actuar en mi diario vivir, las palabras carteras de las emociones me traicionan y los impulsos externos aún logran causar estruendos ocasionales. Una tremenda alegría y lleno de júbilo sentiría mi corazón si pudiera mudar al vacío de las palabras.
Aplaudo al dominio de la razón y a la versificación moldeada en Amor con acciones. Estoy que me rindo y me resisto. Si la soberbia reina que no me domine a mí, si la alegría cabe en algún poro de la piel que sea en los míos. Me correspondo igual que a una abeja al panal, me protejo más que la madre a su retoño y para qué? si todo es como debe ser y causalmente todo Está Bien.
Pero mi mano solo escribe mis palabras y mis ojos solo ven mi escenario,
alma mía que deseas y en vano cantas a futuros que ni a la puerta te han llamado!
Que no es sino mío, único, propio, este corazón que en mí habita
los demás no son sino anhelos de una búsqueda distinta!
y respetable...
aunque en mí aún asalte la osadía de condenar a un alma que busca su guarida.
Llegó Humildad, la maestra,
ya le esperaba.
Cesará acaso el control cuando mi cuerpo finito deje la estadía,
ó será la fiesta sorpresa del respeto, quien ya me está aguardando, paciente, con la luz escondida?
mientras el amor canta en mi ventana y
el ruiseñor anida en mis laureles,
contemplo orugas desvistiéndose sobre los rieles.
Vuelen, vuelen y no miren atrás
sus vestidos quemaré pues no los necesitarán jamás!
pero no se apeguen a la constancia del viento
porque eso también, cambiará.
De corazón,
Sol Kurakao