jueves, 8 de enero de 2015

El mimo en el acertijo


Ignoro sobre cuántas promesas he caminado, ni cuantas sentencias he devastado, siempre he dejado que mi corazón mande por mí, solo que ahora, estoy consciente de que soy totalmente inocente, libre del delito ajeno. La que escribe, hoy se da cuenta de que nada ni nadie han pasado solo porque sí.

Corre el caracol,
danza la estatuilla
comienza a hablar un mimo
mientras vive en su acertijo.

Soy la suma de todas mis negativas, mis aciertos, mis rompimientos, mis cercanías con desconocidos ahora indestructibles en mis adentros, soy el conjunto de los desprecios que hice y me hicieron, soy el monto total de las sonrisas que salen de mi boca y de las que mis ojos reciben, soy lo que doy y lo que retengo, soy los abrazos que recibo y los cuerpos que espontáneamente estrecho, todos los soy.

Soy locura, soy ingenua, soy amable, soy volátil, soy tan niña como un diplomático atrapando un chocolate. Soy lo que me importa, soy lo que amo y soy lo que todavía me es desconocido. Soy lo que toco y también soy lo que ni siquiera me he imaginado para reinventarme.

Soy la callada percepción y la impulsiva aceptación. La vida es para gozarla sin retoques, como va llegando, bienvenida es.

Soy lo que tengo frente a mí, soy la que escribo y soy quien me está leyendo.

Puedo ser la puerta a tu libertad o puedo ser tu cíclica condena. Elige lo que Soy, entretanto, Soy.

Hay sentimientos tan internamente ensordecedores, que el único remedio es darles su propia voz.

A estar en paz, que el mimo por ahora huérfano de lágrimas... va mudando a su festivo silencio.


De corazón,

Sol Kurakao

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