viernes, 26 de septiembre de 2014

A donde el viento no llega


Las campanadas del pueblo resuenan sin cesar,
anuncian la prellegada de quienes buscan su calmar
entre paredes y templos albergan su ilusión,
devotos que puede que ignoren, posible equivocación.

Viejo, manco, joven, sano,
furtivo ladrón y crédulo santo
que a tí te estoy hablando!

Ahora pasa el niño con el maduro
el marido con su esposa
el que vive estupefaciente
también el arrodillado tan vehemente
el amante con su igual,
todos me son tan simpáticos
bajo este tremendo astral.

Cálido Espíritu:

Bien sabes tu que la pacífica gloria emerge del silencio eterno, conoces que como presente, albergas la infinidad, avalando en común denominador al honesto sentir y que toda fantasía eterna se alberga justo ahí, a donde el viento no llega; la humanidad pasa desapercibido que todo contiene esencia, solo lo percibirá aquel a quien le confiese que su espíritu no se encasilla solo aquí y que sabiendo absolutamente nada, llegará su comprensión del Todo; verídico desvarío expandir amor a tí en ese recóndito hogar, donde incondicional el Amor celebra su sobrehumana Graduación.

Bendición más grande es, despertar todos los días, amenazada por el Amor y rindiéndome ante la clausura de cualquier deseo, sigo en mi fluir resguardada en el silencio. Ya colmo de caricias intangibles a otro espíritu que viene a vivir encarnado, te advierto amado que en esta dimensión de humanidad si te clamo es porque te amo, si no te llamo ... es porque también lo hago.

Tú, que amas sin reserva y que vives en mi, testigo de cada ocurrencia silenciosa, adivinas que sigo en espera de presenciar el bautizo de mi Unicornio, aun no ha ocurrido, mas haciendo que la magia suceda, antenoche fui consciente de mi propio bautizo, siento la seguridad de que el son de su galopar y el latido de la que escribe son uno mismo.

LLévate ahora, el poema y esta carta y destrúyelos donde el viento y el tiempo son inexistentes.

Tira tu condena, córtame la cabeza, quédate solo con el corazón y comprenderás ... el porqué de mi delirio.

De corazón,

Sol Kurakao

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