Por la noche en la vigilia
varias visiones que soñé,
de entre ellas, Kurakao resonó
y en cuento se convirtió.
En la magnánima Isla de la Ilusión, nació una bellísima bendición, se distinguía por sus ojos que eran del color del universo, el pueblo le adoró desde su concepción y en medio del lodo que sale por las fiestas que hacen los cerditos, al estarle dando de comer a los puercos la madre le dió a luz, siendo también los simpáticos gorditos testigos de la venida de aquella divinidad.
Y mientras iba creciendo en edad, cada noche en la caverna y por las madrugadas, la vista de Kurakao destrozaba todo y lo volvía a recrear, como un desfile de piezas de rompecabezas siempre nuevas todas ellas y a la luz del día continuaba su creativo puzzle.
Las vasijas doradas las pulía solo con mirarlas y a los lisiados les inventaba bizarras piernas y ellos, le creian y en sus individuales ilusiones, lograban deambular.
Al estiércol hizo oro y a la rudeza emblandeció
Kurakao le llamaron, ya que a su Alma abrazó.
la eternidad le alcanzó,
mas se esconde de quien busca
fortuna a costa de su Ilusión,
y solo detecta la esencia
de quien vive en sincronía con el Amor.
SINFÍN. Pues continúa en su inmensidad...
Y quien haga del Amor su máxima premisa, llegará a hacerla palpable por su conciencia en lo tangible... fabulosa evolución y que se alegre, pues su espíritu ya va retornando al origen, que es al Amor, siempre será al Amor.
Porque ahí, en la intimidad del Alma... vive Kurakao.
De corazón,
Sol Kurakao
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