sábado, 13 de diciembre de 2014

El Arlequín desnudo de lo ajeno


Se están derrumbando las viejas estructuras y debo permitir que lo inevitable ocurra, sin retrasar el flujo perfecto de su movimiento. Me rindo, en cada proceso que me toca admirar, sea tan nuevo como continuo, me toca entonar mi repetitiva rendición, inequívoca será mi trova ante el advenimiento de la nueva posibilidad. cuál? solo aquel en cuya mente vivo y cual hermoso su títere Arlequín, soy, lo sabe. Yo no he de hacer mas nada que lo realizado hasta ahora en mi honesto vivir, sé que el secreto es ... carecer del procurar.

La máscara de las apariencias es de un material muy pesado, tarde o temprano termina por caerse y cuando cae, el alivio de la libertad nos sorprenderá moviendo el rostro descubierto hacia cualquier dirección, solo que hay algo inevitable, esa máscara al caer por su propio peso siempre cae sobre nuestros pies y es igual de libertador, pero también es doblemente doloroso, lo sé por experiencia propia. Es mejor su despojo por voluntad nuestra, también duele, pero un poco menos que la primera posibilidad.

El Arlequín agotado de su margen
se salió de su carta, quedó blanca,
y el colorido bailoteo comenzó...

Si le observas desde arriba, tus prejuicios le ventilan
su soberanía es menguada si capturas por abajo,
mira como danza cuando aprecia,
que compartes la gloria a su costado.

Arlequín, loco que tienes mi mano para escribir
mis pies para bailar
y mi alma para amar.

Arlequín se salió de su coraza
y ahora solo queda la carta blanca
brinca, brinca y canta y canta
tanto asombro le amenaza.

El Arlequín ya es vulnerable, puede ser de quien lo tome
pero se mece tan simpático, que es mejor admirar el espectáculo
que ser de El, su propietario.

Todo es como es y continúo perteneciendo a la nula clasificación para que el Amor me siga descubriendo, de lo ajeno bajo los brazos. Continuemos Tu en tí y Yo en mí, y al resguardo del amor, compartir.

Que la bella ráfaga de la improvisación celestial me sorprenda regando sus rosas.

Que así sea.

De corazón,

Sol Kurakao

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