miércoles, 22 de octubre de 2014

Amorosa Cortesana


Abrazo ahora la intimidad de los callejones escondidos, en penumbras hay desfile de gentiles moribundas en la calma, mas excelsas en el gusto por sus gemas descubrir. Seres más solidarios, no he conocido yo, sonrío y me sonríen.

Mi alma recuerda y pregunto a tus adentros...

Porqué bella mía te has descuidado tanto en el arte de la reservada pedantería?

Sabes bien que tanto a tus ancestras como a tí,
Nobles, Duques y Galantes te obsequiaban compañía,
solo para presumirte de su brazo y todos a la vez,
que tan solo por el adornarse con tus poesías
tenías a tus pies sombreros de copas
de quienes tanto te perseguían.

La coquetería era tu arma más hostil, aplaudíamos los pueblerinos la persecución que marchaba en el diurno cielo, pues en la vigilia de la noche resguardabas en alguna alcoba, a la luz de la luna solo Uno podía quedarse en tu regazo, y ese soberano podía ser quien sea que tu eligieras, doncella preciosa alardeante de tu precisa esgrima y vehemencia en la lírica, con exactitud sé que también lograbas adivinar el porvenir. Tan asombrosamente respetable, que tu palabra presumía de tal certeza, que hasta la más dominante de las consortes se rendía ante el delirio de su cónyuge por tí.

Carente de esquina, dominabas los palacios. Y ahora, amorosa cortesana... tu capacidad de elección se ha visto disminuida por tu gran necesidad de aprobación, olvidándote del arte y la persuasión, dominando solo en tu piel, el desembolso por el deterioro carnal.

Mírate tú, con mis ojos, te los doy, tan galante y adornada de festín, y yo, asombrada de las luces que palpitan por tu glorioso devenir, no dudo que antes, en distantes siglos, como tu, yo era también, amorosa mas desconocida del sinfín de posibilidades del Alma.

A deleite de otros ofreces tu garantía, sábete que la culpa no es más que un mal hábito, pero que te digo yo... si tan solo por tu humildad, eres más despierta que la que escribe, solo disfrutas del oficio y a proseguir. La preciosa amnesia del mañana te caracteriza, tal cual debe ser. Una cosa es muy cierta, y es que aseguro tu valía tanto como la mía y se que amas tanto como yo.

Tan emperatriz, hermosa cortesana, nos reconocemos a los ojos, no sé los otros, mas mi alma, se sigue inclinando ante tí, te abro paso y agradezco tu sonreir.

Recuerdan aquellos días que fuimos cortesanos?

Aquiétate oficial y calma a la devota parroquiana
ambos gendarmes enjuiciadores,
no escandalicen ante la libertad.

Amorosa Cortesana, sus complejos hacia tí no tienen nada que ver contigo.

Te persigue la ley? Refúgiate ahí, en ese buen corazón.
Ignorarás la conciencia pero es menester que cumplas tu función
y con mi vida abogo tu inocencia, porque la tienes. Lo aseguro.

Tu alma tan hermosa suicidaría 
antes de que permitiese cualquier vulgaridad
que vuelva a ti la Gallantería
y te avalo preciosa doncella,
que a cualquiera no volverás jamás.


De corazón,

Sol Kurakao

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